Testimonio de Esteban: Dios nos busca a nosotros
Mi madre era canadiense, criada en Australia. De joven le encantaba patinar en el hielo, tanto que ya no siguió en colegio por estar practicando demasiado. Pero una mala caída terminó con su sueño de patinadora. A los 17 años se enamoró de su galán Capitán de los infantes de la Marina, condecorado con Estrella de Plata por heroismo en el primer asalto a Guadal Canal. Mi papá estuvo recuperándose de malaria en Melbourne cuando lo conoció. Con los submarinos alemanes hundiendo los barcos aliados, mi mamá cruzó el mar a solas para casarse con mi papá en Florida de EE.UU a los 18 años de Edad. Mi padre era un hombre muy honrado, inteligente y trabajador pero los horrores de la guerra habían herido su alma de tal modo que sentía que solo el alcohol calmaban los recuerdos.
Mi hermano nació cuando mis padres tenían un año de casados y mi mamá no quiso tener otro varón. Cuando nací yo, cuatro años después, mi mamá se divorció de mi papá y nos mudamos a vivir con mis tío en Jacksonville, FL. Mi mamá trabajó duro para sostender a sus hijitos, pero sin educación secundaria era difícil conseguir un buen empleo en EE.UU. Ella vendía libros, aspiradoras y cualquier otra cosa que hallaba de día, y servía mesas en un bar de noche. Ella realizaba muchas fiestas en la casa pero yo me quedaba solo. Visitaba a mi Papá durante dos semanas del año. Mi hermano murió en un choque de autos la “Noche Buena” cuando tenía 13 años de edad.
Yo comencé a trabajar a los siete años de edad, vendiendo semillas de flores de puerta en puerta, vendiendo envases de Coca-Cola, periódicos, cortando grama, y cualquier otra cosa para ganar un cinco. En secundaria tomé nota que las chicas bonitas asisitían a una iglesia Anglicana en el sector rico de la ciudad al otro lado del río. Mi mamá y yo éramos pobres pero yo no iba a dejar que eso me impidiera conocer a alguna de ellas. De manera que me recibí de la confirmación (la primera comunión en la Iglesia Anglicana), cantaba en el coro, me hice acólito, e hice todo lo que pude para ganar el respeto de alguien. Pero siempre estuve metido en problemas. Después de varias veces de enfrentarme con el Juez de Menores de la ciudad de Jacksonville, mi mamá me mandó a un reformatorio militar a los 15 años de edad. El abuso fue increíble, pero sentía que lo merecía y decidí quedarme sin fugarme de allí.
SERVICIO MILITAR
Me matriculé en la Universidad pero me sentí tan confundido que no pude concentrarme en los estudios, así que me enlisté en el ejército y quise ir a Vietnam. Le dije al Sargento que yo deseaba hacer algo que quizás ayudara a los otros soldados, y me apuntó para la escuela de enfermería de primeros auxilios de combate. Terminé siendo paracaidista y entrenado en Fuerzas Especiales, pero no me gradué de ese entrenamiento intenso por irme a demasiadas fiestas.
En Vietnam, durante los primeros seis meses, me condecoraron dos veces con estrella de bronce por valor como paramédico combatiente y con dos corazones de púrpura, en la División de la 4a Caballería. Los siguientes seis meses pasé haciendo emboscadas con un pelotón de morteros de la 173 paracaidistas. No me quería a mí mismo. Había ido a Vietnam voluntariamente pensando que si me moría, nada perdería, y si sobreviviera que quizás obtendría algún sentido de valor a mi existir. Pero cuando uno no conocer el amor de su Creador, ¿cómo puede tener algún sentido verdadero de valor propio? Hasta entonces no creía que existiera Dios.
Hubieron varias ocaciones en combate cuando debía haber muerto en Vietnam. Una vez nuestro vehículo trepó una mina de 40 libras que me tiró en el aire y me levanté sin un raspuño en mi cuerpo. Como paramédico, no fue mi obligación salir en las emboscadas. Pero pensaba que si alguien iba a ser herido en combate, iba a ser uno de mis compañeros, así que salía con ellos para estar cerca por si me necesitarían.
NUEVA VIDA
Mi vida verdadera inició a los veinte y dos años de edad a las 2 de la mañana, el 12 de octubre de 1971. Me encontraba a solas de nuevo en una depresión devastadora. Había sobrevivido la guerra en Vietnam y ahora no hallaba qué hacer. Procuraba estudiar pero los demonios no me dejaban concentrame. Vagaba por el país, durmiendo en parques y bajo puentes. Esa noche me abrumaban las preguntas. ¿Qué haría yo al casarme? ¿Cómo sabría yo tratar bien a una mujer? Y al tener hijos, ¿qué los enseñaría? Les tendría que mirar a los ojos y admitir que no sabía por qué existen. ¿Quién me enseñaría a mí a ser un buen papá? Solo arruinaría sus vidas. Sentí que si la vida y el matrimonio era lo que yo había observado en
mi familia (mi mamá con cuatro matrimonios y mi papá igual), eso ya no era para mí. Yo no quería quebrantar el corazón de varias mujeres, e hijos, y mi corazón, una y otra vez a lo largo de mi vida. Así que decidí terminar con todo por nadar al otro lado del mar.
La playa quedaba a solo tres cuadras del apartamento que alquilaba. Entrando en el agua me llegó hasta las rodillas cuando un suave pensamiento parecía subir desde mi corazón a mi cabeza y quedarse flotando allí. El pensamiento me decía, “Esteban, Yo soy lo que tú has andado buscando. Dame tu vida y la haré de nuevo!” Y al mismo momento percibí el amor más profundo que jamás había sentido llenar todo mi ser. ¿De dónde venía tal pensamiento? Al instante me dí cuenta por primera vez, que Dios es real y que lo había estado rechazando.
Darme cuenta de que yo rechazaba a la persona más amable del universo me partió el corazón en dos y me caí de rodillas llorando y pidiendo que me perdonara. Confesé todos los pecados que venían a mi mente y me arrepentía de cada uno. Me convulsionaba mucho, con ardores y fríos profundos. Recuerdo cada momento y cada sensación de esa noche, hace 37 años, como si fuera ayer.
Tenía que haber sido como a las cinco de la mañana cuando me encontraba desmayado en la playa como a un pez muerto. Había estado en el agua aproximadamente cuatro horas. Me senté a la orilla de la playa y reflexioné sobre lo que había pasado. Me di cuenta que nada en el mundo había cambiado. Lo único que había cambiado fui yo, que ya sabía que Dios existe y que me ama como el Padre que nunca había tenido. Me sentí decepcionado porque le había rogado a Dios durante esa noche llevarme al cielo de una vez, ya que me había perdonado. Pero no lo hizo.
Me dí cuenta que Dios tenía que tener Sus razones por no haberme llevado al cielo, y comencé a conversar con Él. Le dije, “Dios, si tú quieres que yo sea feliz, vas a tener que hacer dos cosas. Vas a tener que poner tu mano en mi hombro y ponerme donde tú quieres que yo esté cada día por el resto de mi vida. Y solo una cosa más te pido, ¡Enséname lo que es el verdadero amor! Solo esas dos cosas te pido.” Y percibí que Él iba a hacer con gusto precisamente eso.
Derepente un gozo incontrolabale llenó mi ser y me levanté saltando, literalmente, dando vueltas y gritando, “¡Gracias Dios!” “¡Gracias Dios!” “¡Gracias Dios!”
PADRES ESPIRITUALES
Comencé a leer la Biblia y cobró vida en mí como ningun otro libro. Jesús se convirtió en mi mejor amigo, y el Espiritu Santo me guiaba suavemente, sanando y transformándome. Comencé a ir a una iglesia bautista y sentí tanto amor de parte de ellos. Eran verdaderos amigos que formaban una familia amorosa que jamas habia tenido. Dios comenzó a poner hombres maduros a mi lado que sabían cómo caminar con Él y me ayudaron.
Nuestro Pastor, el Dr. Adrián Rogers, nos enseñaba que verdaderos seguidores de Jesús son personas que aman la Biblia y aplican la Palabra de Dios en su vida diaria. No toman decisiones importantes sin buscar la voluntad de Dios y hacen Su voluntad antes que el deseo propio.
Nos enseñó que se puede leer toda la Biblia en
un año por leer solo tres capítulos cada día, un Salmo y un capítulo en Proverbios (para sabiduría). Así es como he estado leyendo la Biblia cada año desde entonces, y cada vez se vuelve en mí un libro nuevo, porque no soy el mismo el siguiente año. Me va cambiando “de gloria en gloria por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:17-18).
Llegué a conocer al apóstol y pastor Ken Sumrall en una reunión en 1973 y fui a estudiar en su Instituto Bíblico en Pensacola, FL. Allí conocí a mi esposa Helen y me gradué de Licenciado en Teología Bíblica. El primer año allí (1974) visité a los misioneros que la iglesia apoyaba en México y en Guatemala (Norman Parish), y el Señor puso amor en mi corazón para los latinos.
Helen y yo nos casamos el siguiente año en 1975, y nos fuimos a Costa Rica en 1977 para que yo aprendiera español. Helen es nacida en argentina y criada en España de padres misioneros, así que habla muy bien el español.
Servimos nueve años en Honduras capacitando líderes en las iglesias locales, diez años en El Ecuador y ahora 12 años en Guatemala, levantando programas de capacitación dentro de las iglesias locales. Cuando llegamos a Guatemala, nos pidieron encargarnos de INSTE y hemos estado sirviendo a todas las iglesias de Guatemala con esta maravillosa herramienta desde 1997.
Dios nos ha dado cuatro hijos preciosos que aman a Jesús. Tres de ellos son casados. Cristina, la mayor, es doctora en periodismo y misionera en El Ecuador con su esposo y están esperando nuestro segundo nieto. A ella le gusta escribir novelas cristianas para jóvenes. Felipe es doctor en ingeniería química y sirve en su iglesia. Su esposa Crisy es enfermera y fue presidenta de los jóvenes cristianos InterVarsity de la Universidad de Florida. Anita es profesora de educación primaria y tiene su Maestria en ministerio pastoral. Ella y su esposo Nicolás están preparándose para ser misioneros a la China. Timothy está encargado de una bodega en Bagdad para el ejército y sigue al Señor.
VENTANA DE OPORTUNIDAD PARA GUATEMALA
El mundo está cambiando muy rápidamente y Dios ha abierto una ventana de oportunidad para Guatemala que hay que aprovechar mientras se pueda.
Miles de pastores, líderes y miembros de iglesias en Guatemala anhelan ser capacitados profesionalmente y prácticamente con excelencia para servir mejor a Dios, pero les ha faltado los recursos económicos. INSTE es una provisión para ellos porque es lo más económico y avanzado que existe. No se requiere educación secundaria para ingresar, y la Licenciatura de INSTE está reconocida por el Ministerio de Educación de EE.UU. Significa que si uno está legalmente en EE.UU., el gobierno le ayudará con sus gastos para estudiar en INSTE.
Iglesias que han aprovechado de la excelente formación que INSTE provee dentro de su congregación han sido El Shaddai, VERBO, Iglesia de Dios del Evangelio Completo, Iglesia de Dios de las Américas, Cristo Centro, Iglesia Nazarena, ELIM Central, Iglesias de Ebenezer y muchas otras iglesias independientes.
JESUS TE LLAMA A SU MISION
“Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto (Guatemala). Los he escuchado quejarse, así que he descendido para libraRlos. Ahora ven y te enviaré de vuelta a Egipto (Guatemala).” Hechos 7:24
En INSTE uno aprende la realidad de que cada verdadero seguidor de Jesús es un misionero de Dios en su hogar, su vecindario y su escuela o trabajo, su comunidad y ciudad. El misionero es uno que es sensible al amor de Dios para con los que le rodean y suple sus necesidades por la gracia de Dios.
Demasiados cristianos en Guatemala no oyen nada acerca de la misión de Dios. Piensan que un misionero es alguien con un don muy extraño. Pero eso no es bíblico. La Biblia dice que TODOS los seguidores de Jesús se fueron anunciando las buenas nuevas (Hch.8:4). TODOS somos testigos del poder de Jesucristo.
Jesús dijo que en el día final, Dios separará las ovejas de las cabras. Lo que determinará si uno es oveja o cabra será si atendió a las necesidades de los que tienen hambre y sed, necesitan comida, bebida, alojamiento, ropa, sanidad, y visitas en la cárcel (Mt.25:34-40). Dios da prioridad al pobre y la única manera en que puede ministrar a los necesitados es através de Su pueblo misionero. Si tú no has descubierto los dones espirituales que Dios te ha dado para realizar Su misión a través de ti, capacítate en INSTE con un líder en tu iglesia y sirve a Dios con excelencia.